Exponemos a continuación, los puntos que componen nuestro credo, tal y como se presentan en las Sagradas Escrituras, y como la Iglesia de Dios los ha interpretado, defendido y predicado desde su inicio hasta nuestros tiempos. 

 

La Biblia

Creemos que la Biblia es la Palabra de Dios, escrita por inspiración divina, por lo tanto, es infalible, veraz, permanente y única regla de fe (1 Pedro 1.25; 2 Pedro 1.19-21, 2 Timoteo 3.15-17, Mateo 24.35). Creemos que en ella se encuentra revelado el Plan de Salvación y la voluntad de Dios para con el hombre (Juan 17.3). Creemos que la Biblia no es de interpretación particular, y exclusivamente la iglesia de Dios puede comprenderla, interpretarla y enseñarla de manera correcta (2 Pedro 1.20; 3.16).

Dios el Padre


Creemos que Dios el Padre es la suprema deidad del universo, y que toda la creación le alaba (1 Corintios 8.6; Juan 20.17; Job 38.7). Creemos en Él como ha sido revelado por Su Hijo y como Él mismo se ha manifestado en la Creación (Juan 1.18; Salmos 19.1). Creemos que por Su naturaleza, el Padre es: Eterno (Sin principio ni fin), Omnipotente, veraz, Justo, Santo, Perfecto, Amor e Invisible a la naturaleza humana (Salmos 45.6; Lucas 1.37; Romanos 3.4; Apocalipsis 16.5; 4.8; Mateo 5.48; 1 Juan 4.8; 4.12). Creemos que ha derramado de Su santo Espíritu entre los creyentes para guiarlos, enseñarlos, redargüirlos y producir frutos en ellos, y sellarlos para la resurrección de vida eterna (Hechos 2.17; Juan 16.13; 14.26; 16.7, 8; Gálatas 5.22, 23; Efesios 1.13, 14; 4.30). Creemos que Dios es un ser moral, haciendo distinción entre el bien y el mal (Génesis 3.22; Proverbios 6.16-19).

Jesucristo el Hijo de Dios 


Creemos que Jesucristo es el Hijo Unigénito de Dios y que debemos poner nuestra fe en él y creer en Él como lo presentan las Escrituras. Creemos que el Hijo fue engendrado por el Padre antes de la creación; que es de la misma esencia del Padre, la imagen de Su sustancia y el resplandor de Su gloria (Colosenses 1.15; Juan 1.1; Hebreos 1.3). Creemos que el Hijo es el ejecutor de la creación de Dios, que la sustenta con Su Palabra y que ha de renovarla al final de los tiempos (Colosenses 1.16; Hebreos 1.3, Hechos 3.19-21). Creemos que el Hijo es quien se manifestó al pueblo de Israel como su Dios y que también es el Mesías prometido (Isaías 43.1-3; 1 Corintios 10.4; Isaías 7.14; 9.6, 7; Juan 1.41). Creemos que el Hijo fue enviado al mundo para salvación del hombre, creemos que para venir al mundo se despojó de su divinidad y se hizo carne, que fue engendrado por el poder de Dios en una virgen llamada Miriam (Miriam), de quien nació según la carne (Juan 3.16; 8.42; Filipenses 2.6, 7; 1 Juan 4.2, 3; Lucas 1.34, 35; Gálatas 4.4). Creemos que como hombre, el Hijo vivió en santidad, que nunca se halló en Él maldad ni mentira; creemos que como niño estuvo sujeto a sus padres, que como judío observó la ley de Moisés y que como humano logró la perfección, dándonos ejemplo (1 Pedro 2.21-23; Lucas 2.51; Gálatas 4.4, Efesios 4.13). Creemos que el Hijo, conforme a las Escrituras, murió un día miércoles 14 de Nisán; creemos que fue colocado en la tumba antes de ponerse el sol de aquel día, en la víspera de la Pascua de los judíos; que permaneció en la tumba tres días y tres noches, como una prueba de su mesianidad, creemos que resucitó un día sábado antes de ocultarse el sol (1 Corintios 15.3; Daniel 9.27; Juan 19.31, 42; Mateo 12.38-40, Mateo 28.1-6). Creemos que después de su resurrección, el Hijo tiene la misma gloria de la cual gozó junto con el Padre desde antes de la fundación del mundo; creemos que en su naturaleza divina ascendió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre y que es nuestro intercesor ante Él (Juan 17.5; Filipenses 2.9-11, Colosenses 2.9, Hebreos 10.12; Romanos 8.34).

La Semana de la Creación

Creemos que Dios, por medio de su Hijo, creó el universo y todo lo que existe en los cielos y en la tierra en una semana literal, creemos que laboró en seis días y creó el reposo en el séptimo día; creemos que con el sólo poder del Padre, creó de la nada todas las cosas, visibles e invisibles (Génesis 1.1-2.3; Colosenses 1.16).

La Creación del Hombre

Creemos que el hombre es creación de Dios y no producto de la casualidad o de un proceso evolutivo de especies inferiores de vida (Génesis 1.27; Salmos 100.3). Creemos que el hombre está formado por dos elementos: cuerpo y espíritu, y que en las Escrituras, la suma de éstos es llamada alma (Génesis 2.7). Creemos que el hombre fue creado en perfección, a imagen y semejanza de Dios (Génesis 1.26; Eclesiastés 7.29). Creemos que el hombre fue dotado de voluntad propia (Proverbios 14.9, Hebreos 5.14).

El Hombre ante la Naturaleza

Creemos que Dios responsabilizó al hombre de la administración de la creación, por lo tanto, éste ha de dar cuenta ante el Creador de cada una de sus obras en relación al uso, conservación, abuso y deterioro de nuestro hábitat; creemos que la humanidad debe conducirse con ética ante el problema de la infición, considerando que el mismo Creador procura la conservación de la naturaleza (Salmos 8.5-8; Génesis 2.15; Apocalipsis 11.18; Isaías 24.5, 6; Romanos 8.21; Jonás 4.11).

El Bien y el Mal

Creemos que existe el bien y el mal, y que el hombre, a semejanza de Dios, tiene capacidad para distinguirlos (Romanos 2.14-16; Levítico 10.10). Creemos que algo es considerado bueno o malo en función de la voluntad divina, aunque momentáneamente sea incomprensible o inexplicable para los humanos (1 Juan 3.4). Creemos que el creyente debe vivir con moral, nunca ha de ser inmoral o amoral (1 Pedro 1.14-16). Creemos que el juicio final estará basado en esta moral (Romanos 2.12, 2 Corintios 5.10).

Los Diez Mandamientos

Creemos que el Decálogo, tal como fue dado al pueblo de Israel por medio de su siervo Moisés en el monte Sinaí, es la regla determinada en la conducta de la humanidad, y en forma particular de la Iglesia de Dios (Romanos 2.12; Mateo 19.16-21; Apocalipsis 12.17). Creemos que la Ley existió desde la creación (Romanos 5.12, 13). Creemos que el Decálogo resume la moral de Dios, y que el desacato a alguno de estos principios es rebelión contra Dios mismo (Jeremías 6.19; Juan 14.15). Creemos que el creyente debe evitar la idolatría, la fabricación e imágenes cultuales, así como su adoración o veneración, creemos que el Nombre debe pronunciarse a usarse en forma exclusiva cuando las circunstancias así lo ameriten, y tan sólo para su glorificación, creemos que debe consagrarse a Dios el séptimo día de cada semana (sábado), conocido en las Escrituras como Shabat (Éxodo 20.2-11; 1 Corintios 10.7, 14-22). Creemos que el creyente debe honrar a su padre y a su madre; creemos que debe evitar el homicidio, el adulterio, el hurto, el falso testimonio y la codicia (Éxodo 20.12-17; Mateo 19.16-19).

Ética del Cristiano

Creemos que el creyente es responsable de su conducta ante sí mismo, ante el prójimo y ante Dios (Romanos 2.15; 1 Samuel 2.25; 2 Timoteo 4.1). Creemos que el creyente, en su conducta, debe dejarse guiar por los siguientes principios: a) Su objetivo existencial es la glorificación a Dios; b) Su responsabilidad es amar a Dios y al prójimo; c) Su norma de vida es el Decálogo, además de las leyes morales contenidas en las Escrituras, desde el Antiguo Testamento (Isaías 43.7; Filipenses 4.8; Deuteronomio 6.5; Levítico 19.18). Creemos que el creyente debe vivir imitando al Señor Jesucristo (1 Pedro 2.21). Creemos que el creyente debe evitar la mundanalidad: lujuria de la carne; lujuria de los ojos y soberbia de la vida; creemos que el creyente debe abstenerse de fornicaciones (adulterios, homosexualidad, prostitución, afeminación, perversiones o aberraciones sexuales), pleitos, celos, herejías, hechicerías, alcoholismo, tabaquismo, drogadicción y fármaco dependencia, pornografía, palabras torpes, juegos de azar, modas inmorales, guerras… (1 Juan 2.16, Gálatas 5.19-21). Creemos que el creyente debe promover los valores positivos como son la familia, la sociedad, la superación cultural, las virtudes, el trabajo, los derechos humanos y la paz (1 Timoteo 5.4; 2 Pedro 1.5; 2 Tesalonicenses 3.12; Mateo 5.9).

El Pecado

Creemos que pecado es todo pensamiento, palabra, acto u omisión que transgreda la Ley de Dios, creemos que toda maldad es pecado, que pecado es vivir alejado de Dios o no tenerlo en cuenta, creemos que la recompensa del pecado es la muerte (1 Juan 3.4; 5.17, Romanos 1.28-32, 6.23).

Satanás

Creemos que Satanás es el adversario de Dios y de su pueblo (Isaías 14.12-14; 1 Pedro 5.8). Creemos que Satanás fue creado en perfección pero se rebeló contra Dios, dando origen a la maldad (Ezequiel 28.13-18; Isaías 14.12-15; Juan 8.44). Creemos que fue él quien tentó e hizo caer al primer hombre en pecado, y que continúa asechando al humano, sembrando en su corazón confusión, falsedad y desaliento (Génesis 3.1-7, 14, 15, 1 Tesalonicenses 3.5). Creemos que su fin es inminente después de estar atado por mil años, será destruido junto con sus ángeles en el lago de fuego (Mateo 25.41; Judas 6; Apocalipsis 20.10, 14; Ezequiel 28.19).

La Caída del Hombre.

Creemos que el hombre no fue capaz de retener la perfección e inocencia que le caracterizaron y sucumbió ante el pecado (Eclesiastés 7.20; Génesis 3.6). Creemos que todos los descendientes de Adam heredan su naturaleza pecaminosa (Romanos 5.12, 19).

Consecuencias del pecado

Creemos que la transgresión del hombre tuvo consecuencias para toda la tierra, que las consecuencias para la mujer son dolor al tener hijos y la sujeción al marido; que las consecuencias para el varón son dolor al comer el pan y la aridez de la tierra; que las consecuencias para la humanidad en general son la muerte física y la destitución de la gloria de Dios (Génesis 3.16-19; Romanos 5.12; 1 Corintios 15.21, 22; Romanos 3.23).

La Gracia de Dios

Creemos que Dios ha manifestado Su gracia al mundo al trazar con anticipación un Plan de Salvación para el hombre cuando éste hubiese caído en condenación (Romanos 5.8, 20; 3.24). Creemos que Dios no está obligado a salvar al pecador, de otra manera la gracia y no sería gracia (Efesios 2.8, 9; Romanos 9.20-26; 11.6). Creemos que el pecador no puede salvarse a sí mismo, y que necesita de la gracia de Dios (Salmos 108.12, Salmos 49.7-9; Hechos 15.11).

La Predestinación

Creemos que Dios en Su santa voluntad ha predestinado a determinados hombres como vasos de misericordia y los ha preparado para participar de la gloria eterna (Efesios 1.11; Romanos 8.29; 9.23). Creemos que la elección de gracia está basada en criterios meramente divinos (Romanos 9.11, 16, 18; Efesios 1.5, 11). Creemos que gracias a esta predestinación, cada creyente posteriormente es llamado, justificado y glorificado (Romanos 8.29, 30; 2 Timoteo 1.9; 2 Tesalonicenses 2.13, 14). Creemos que Dios en Su santa voluntad ha excluido a determinados hombres de Su plan de salvación, a los cuales no permite que llegue Su evangelio (Romanos 9.13-22, Hechos 16.6-10, Isaías 6.10).

Jesucristo el Salvador

Creemos que el Señor Jesucristo es el único medio propuesto y validado por Dios para la salvación de hombre (Juan 3.16; 1 Timoteo 2.5, Hechos 4.12, Romanos 3.24, 25). Creemos que Jesucristo vino al mundo con el propósito de salvarnos de la condenación eterna (Juan 3.17; 1 Timoteo 1.15). Creemos que el precio que pagó a favor de nuestro rescate es el derramamiento de Su sangre en sacrificio cruento (Hebreos 10.5-14; Mateo 26.27, 28; 1 Pedro 1.18, 19).

La Fe en Jesucristo

Creemos que el sacrificio salvífico del Señor Jesucristo es efectivo en cada persona cuando ésta le acepta como Hijo de Dios, como su Salvador y Señor absoluto (Hechos 16.31; Juan 3.36, 20.31; Lucas 2.11, Romanos 10.9). Creemos que todo creyente ha de tener plena fe en la vida, muerte, resurrección e intercesión, redentoras de Jesucristo (1 Pedro 2.21, 22, Romanos 5.10; Romanos 4.25; 14.9; Hebreos 7.25, 1 Juan 2.1).

El Bautismo

Creemos que el bautismo es el cumplimiento de la ordenanza de Nuestro Señor Jesucristo de bautizarse en Su Nombre (Mateo 28.18, 19; Hechos 2.38). Creemos que el bautismo es el siguiente paso después de creer en el Señor Jesucristo, arrepentirse y convertirse a Dios (Marcos 16.16, Hechos 2.38; 3.19). Creemos que por el bautismo obtenemos el perdón de pecados, la salvación y el don del santo Espíritu de Dios (Hechos 2.38; 22.16; 1 Pedro 3.21). Creemos que el acto bautismal debe hacerse como el Señor lo ordena, por lo que se realiza así: Hermano X Por la autoridad de Dios Nuestro Padre, bajo la dirección de su santo espíritu, yo, como ministro de la Iglesia de Dios, te bautizo en el Nombre de nuestro Señor Jesucristo para perdón de tus pecados. Amén. Creemos que el bautismo es por inmersión, como símbolo de la sepultura a la vida de pecado y resurrección a una vida nueva en cristo Jesús; creemos que debe ser oficiada por un ministro ordenado por la Iglesia de Dios (Romanos 6.3-13; Juan 20.21-23, Romanos 10.15).

Origen de la Iglesia

Creemos que la Iglesia tiene su origen en Dios el Padre y que Él estableció a Su Hijo como el fundamento (Juan 12.50; Mateo 16.15-18; 1 Pedro 2.4-8; 1 Corintios 3.11). Creemos que por tener como fundamento al Señor Jesucristo, la muerte no ha de prevalecer contra ella y tampoco ha de sufrir deterioro o contaminación doctrinal (Mateo 16.18; Efesios 5.25-27, Judas 3). Creemos que la predicación del Señor Jesucristo fructificó y sus primicias fueron 144 000 israelitas, y que en lo posterior el Evangelio fue predicado entre los gentiles, de donde Dios también ha tomado pueblo (Apocalipsis 14.1, 4; Mateo 10.5, 6; Hechos 13.46; Apocalipsis 7.9).

Identidad de la Iglesia.

Creemos que es posible reconocer a la Iglesia que fundó Nuestro Señor Jesucristo; creemos que las cualidades marcadas por las Escrituras para la Iglesia son inmutables, y entre otras se señalan las siguientes: a) Nombre: Iglesia de Dios; b) Código de conducta: La Ley de Dios; c) Doctrina: La fe de Jesús; d) Cantidad de Miembros: Rebaño pequeño (1 Corintios 10.32, 15.9; 2 Corintios 1.1; 1 Timoteo 3.15, Gálatas 1.13; Mateo 19.16-19; Santiago 2.10-12; Romanos 7.22; Apocalipsis 12.17; 14.12; Judas 3; Efesios 4.3-6; Mateo 28.20; Deuteronomio 7.7; Lucas 12.32; Mateo 7.13, 14) .

Organización de la Iglesia.

Creemos que la organización bíblica de la Iglesia es a través de pastores locales, quienes son supervisados en su labor por el obispo correspondiente (1 Timoteo 5.17; Hebreos 13.17; hechos 20.28; Tito 1.5, Filipenses 1.1; 1 Timoteo 3.1-13, 1 Pedro 5.1-4). Creemos que el obispo ha de rendir cuentas ante el Señor de todo lo que suceda en la Obra (1 Pedro 5.4; 1 Corintios 4.1, 2, Hebreos 13.17). Creemos que los obispos, como ministros de Dios, pueden adoptar el sistema de organización que juzguen conveniente, ya sea a nivel de país o zona (1 Corintios 2.16; Tito 1.5).

Membresía de la Iglesia

Creemos que un miembro de la Iglesia es todo aquel que ha sido llamado por Dios y ha aceptado el santo llamamiento y se ha bautizado en la Iglesia de Dios, además de que vive en armonía con la doctrina del Señor Jesucristo y en comunión con la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo (Hechos 2.41, 42; 1 Corintios 10.16, 17; Gálatas 3.27-29). Creemos que la membresía está condicionada y se pierde si se cae en alguna de las siguientes faltas: a) Apostasía; b) Vida inmoral; c) Indisciplina; d) Provocación de divisiones (2 Juan 9, 10; 1 Corintios 5.11, Hebreos 13.17; Tito 3.10).

La Iglesia y la Sociedad

Creemos que la Iglesia tiene deberes hacia la sociedad con la cual sus miembros interaccionan como personas: nuestro primer objetivo es predicarles el Evangelio para que se conviertan, y el segundo, si no se convierten, su adaptación a una vida regida por la moral cristiana y las buenas costumbres. Nos pronunciamos con energía contra el alcoholismo, la drogadicción, el fanatismo, la hechicería, la prostitución, la pornografía y toda inmoralidad (Mateo 5.14-16; Hechos 26.16-18, 1 Corintios 4.9). Creemos que es nuestra responsabilidad como cristianos, prestar todo servicio social posible (Gálatas 6.10; 1 Pedro 2.15).

La Iglesia y el Gobierno

Creemos que Dios es el Soberano del universo y que las autoridades establecidas en cada país o región han sido ordenadas por Él (Romanos 13.1). Creemos que debemos estar sujetos al gobierno y a las leyes que expida (1 Pedro 2.13-15, Romanos 13.2-5). Creemos que debemos honrar a los gobernantes y pagarles los impuestos (1 Pedro 2.17; Romanos 13.7, 6). Creemos que no debemos apoyar económica, física ni moralmente a los grupos subversivos (Romanos 13.2; Éxodo 22.28). Creemos que debemos orar cada día a Dios a favor de los gobernantes (1 Timoteo 2.1-3).

El Culto

Creemos que el culto debe tributarse en exclusiva a la Divinidad y que ofrecido a alguien o algo fuera de Dios, es idolatría (Deuteronomio 6.13; Romanos 1.25). Creemos que cada creyente debe, en primer lugar, tributar culto interno, consistente en la creencia en Dios, fe en Su amor y en Su poder infinitos, reverencia santa, obediencia a Su voluntad y disposición a servirlo (Romanos 12.2; Hebreos 11.6; 12.28; 5.9; Romanos 12.11). Creemos que cada creyente debe además tributar el culto externo o público, consistente en la confesión pública verbal de la fe en Dios, propagación de la verdad, invocación, alabanza, cantos, oraciones, acciones de gracias, ofrendas monetarias y toda clase de movimientos, actos y palabras que glorifiquen a Dios (Romanos 10.10, 3 Juan 6, Efesios 5.19; 2 Corintios 9.12, 13; Colosenses 3.17). Creemos que este culto externo debe ofrecerlo el creyente durante las reuniones de la Iglesia y en forma personal, con su familia (1 Corintios 14.24-26; Salmos 116.14; 63.1, 6). Creemos que durante el culto externo, la mujer ha de tener su cabeza cubierta con un velo, además del cabello largo que usará siempre; creemos que durante el culto externo, el varón ha de tener la cabeza descubierta, además del cabello corto que usará siempre (1 Corintios 11.4-7, 10, 13-15).

La Cena del Señor.

Creemos que la forma bíblica de conmemorar la muerte redentora del Señor Jesucristo, es participando de la cena del Señor, celebración ordenada por Él mismo (1 Corintios 11.26; Mateo 26.26-28). Creemos que la cena del Señor es un acto emblemático, significando la comunión verdadera entre cada participante y Dios (1 Corintios 10.15-17). Creemos que la Cena del Señor debe celebrarse cada año en la fecha indicada, al principio del 14 de Nisán del calendario bíblico (1 Corintios 11.23; Mateo 26.17-20; Éxodo 12.1-6). Creemos que la cena del Señor debe hacerse en una sola copa, que es la comunión de la sangre de Cristo (1 Corintios 10.16). Creemos que al finalizar la Cena del Señor debe realizarse el lavamiento de pies. Creemos que en la Cena del Señor sólo participan los miembros bautizados de la Iglesia de Dios que vivan en santidad y que hayan permanecido a través de todo el año en verdadera comunión con Dios y con la Iglesia (1 Corintios 10.17; 11.27-29, Hebreos 10.24, 25). Creemos que si el creyente se abstiene de participar de la cena del Señor, ya sea por negligencia o indignidad, está cortándose de la comunión con Dios y con la Iglesia.

Unción de Enfermos

Creemos que Dios estableció la unción a los enfermos para que éstos reciban la salud (Marcos 6.13). Creemos que este acto debe estar revestido de fe, por lo que el enfermo es quien debe llamar al ministro para que ore por él ungiéndole con aceite (Santiago 5.14). Creemos que el Señor podrá perdonar al enfermo sus pecados si éste los ha confesado antes de ser ungido (Santiago 5.15, 16, Mateo 18.18; Juan 20.23).

La Presentación de Niños

Creemos que los padres de familia logran para sus hijos las bendiciones divinas por medio de esta práctica originada en los tiempos del ministerio terrenal de Jesucristo (Mateo 19.13-15, Marcos 10.13-16). Creemos que es una decisión voluntaria de los padres ofrecer a su hijo o hija al servicio del Señor en el acto de la presentación del niño.

La Vida Conyugal

Creemos que la vida conyugal fue instituida por Dios como una provisión para que la familia humana, formada por seres sexuados, para que ésta pueda vivir en santidad (Génesis 2.18-24; Malaquías 2.15). Creemos que el matrimonio es la unión legal de un hombre y una mujer que se aman y se ayudan a vivir en plenitud; creemos que el matrimonio lleva como objetivos la procreación de la especie y el desarrollo integral de los miembros de la familia, abarcando los aspectos físico, emocional, social y espiritual (Mateo 19.6; Tito 2.4, Génesis 1.28; Efesios 6.4, 1 Timoteo 5.8). Creemos que la unión conyugal entre cristianos debe ser en el Señor, es decir, fundamentado en el amor y regido por los principios divinos marcados en las Escrituras, y recibir la bendición de un ministro de la Iglesia de Dios antes de venir a ser un solo cuerpo físicamente (Efesios 5.25; Tito 2.4, Efesios 6.4; 1 Corintios 7.39). Creemos que la única causa de divorcio es la fornicación o inmoralidad sexual, en cualquiera de sus modalidades (Mateo 19.9; 1 Corintios 5.11; 6.15, 16). Creemos que el aspecto legal del matrimonio es una prerrogativa del gobierno (Romanos 13.1).

Diezmos y Ofrendas
 
Creemos que cada creyente tiene la bendición de convertirse en impulsor de la Obra de Dios a través del sostenimiento económico del personal misionero, pastoral y administrativo que se haya consagrado al Señor (Gálatas 6.6, Filipenses 4.15-18; 1 Corintios 9.11, 14, 2 Tesalonicenses 3.1). Creemos que el porcentaje aportado por cada miembro de la Iglesia es el establecido equitativamente desde la época patriarcal: el 10 % de las ganancias 1 Corintios 9.13, 14, Génesis 14.20; 28.22; Números 18.21, Mateo 23.23. Creemos que las ofrendas son voluntarias, como una manifestación de gratitud a Dios, o para alguna obra de amor (2 Corintios 9.7, 12).

La Oración

Creemos que la oración es el medio de comunicación con Dios el Padre (Mateo 6.9; Juan 16.23). Creemos que la oración es un don, para que el creyente glorifique a Dios, manifieste su gratitud y busque ayuda y bendiciones ante Nuestro Padre (Efesios 5.20; Colosenses 3.17; 1 Timoteo 2.1). Creemos que se debe orar con fe y en el Nombre del Señor Jesucristo (Hebreos 11.6; Santiago 1.6; Juan 16.24; 14.13; Colosenses 3.17). Creemos que la oración debe ser constante, y que con frecuencia debe acompañarse del ayuno (1 Tesalonicenses 5.17; Lucas 18.1; 5.35; Hechos 13.3). Creemos que Dios no escucha la oración de los impíos (Proverbios 28.9; 15.29).

Santidad en el Cuerpo

Creemos que el cuerpo de cada creyente es el templo de Dios, por lo tanto, ha de tener cuidado de no contaminarlo con: a) Fornicación; b) Alimentos no limpios; c) Palabras corrompidas; d) Diversiones deshonestas; e) Alcohol, drogas, tabaco; f) Prácticas religiosas paganas: Navidad, Cuaresma, Día de Muertos, Semana Santa, Día de Reyes, Día del Amor, Día de las Madres, Cumpleaños, etc (1 Corintios 6.13, 18; 1 Tesalonicenses 4.3, 7; 1 Pedro 1.15; Deuteronomio 14.2-21; Levítico 11; Efesios 4.29, 30; 5.4; 1 Juan 2.25, 16; Efesios 5.18; 1 Pedro 4.3; Jeremías 10.2; 1 Corintios 10.19-22; Apocalipsis 2.14).

La Palabra Profética

Creemos que la Biblia es palabra profética en un alto porcentaje y que sus profecías son de inspiración divina y veraces (2 Pedro 1.19-21). Creemos que el propósito de la profecía es advertir al hombre lo que ha de acontecer para prevenirlo y para que crea en la soberanía de Dios sobre el mundo (Apocalipsis 1.1-3; Juan 14.29).

El Mensaje del Tercer Ángel

Creemos que el mensaje del Tercer Ángel está siendo predicado por la Iglesia de Dios y consiste en señalar el castigo para quienes adoren a la bestia o a su imagen (Apocalipsis 14.9-11). Creemos que la bestia es el poder religioso descrito en el libro de Apocalipsis, que lleva el número 666 y es Roma (Apocalipsis 13.11-18). Creemos que tener la señal de la bestia en la frente o en la mano significa creer y hacer las doctrinas heréticas de Roma o del Protestantismo (Apocalipsis 14.9).

Restauración de Israel

Creemos que el pueblo de Israel no ha sido desechado del Plan divino de Salvación (Romanos 11.1, 25-29). Creemos que después de haber sido dispersado por todo el mundo, Israel será reunido otra vez en la Tierra Deseada y que se convertirá en el centro del Reino del Señor (Zacarías 10.6-10; Ezequiel 38.12; Miqueas 4.1, 2). Creemos que en el aspecto espiritual, Israel volverá a tener vida al regreso del Señor Jesucristo a la tierra (Romanos 11.15; Ezequiel 37.1-14; Hechos 1.6).

La Segunda Venida de Cristo

Creemos en la segunda venida del Señor Jesucristo a la tierra en cumplimiento a Su promesa (Marcos 13.26, Mateo 24.27). Creemos que el Señor Jesucristo vendrá en forma personal y visible para todos (Mateo 24.25-28, 30; Apocalipsis 1.7). Creemos que a su venida, pondrá sus pies en el Monte de los Olivos (Hechos 1.10-12; Zacarías 14.1, 4). Creemos que a su regreso, los que murieron creyendo en Él han de resucitar de inconsciencia de la muerte, y quienes aún vivan serán transformados (1 Corintios 15.22, 23, 51, 52, 1 Tesalonicenses 4.15-17). Creemos que el tiempo de su venida es conocido sólo por Nuestro Padre celestial; que únicamente tenemos señales para reconocer el momento de su regreso hasta que éste vaya a ocurrir (Hechos 1.7; Marcos 13.32; Lucas 21.31). Creemos que su regreso será precedido por las siete postreras plagas que Dios enviará sobre los hombres que tengan la marca de la bestia (Apocalipsis 15.1-6). Creemos que su regreso es para establecer Su reino sobre toda la tierra, teniendo como centro a Jerusalem (Zacarías 14.9; Isaías 66.20; 2.3).

El Reino Milenial

Creemos que el Señor Jesucristo reinará sobre la tierra por un período de mil años, período que es conocido como “la Regeneración” (Apocalipsis 20.4; Mateo 19.28). Creemos que en el Milenio se observará el reposo sabático y las demás leyes del Señor Dios (Isaías 66.23, 24; Zacarías 14.9). Creemos que en este período se sujetará a Satanás y demás adversarios y los pondrá debajo de sus pies (1 Corintiios 15.25; Salmos 8.6; Apocalipsis 20.2). Creemos que el último adversario destruido será la muerte y después el Señor Jesucristo entregará el reino al Padre Eterno (1 Corintios 15.25-28).

El Juicio Final

Creemos que al final del Milenio han de ser juzgados todos los hombres a excepción de los creyentes en el Señor; creemos que los muertos han de resucitar para ser juzgados (2 Corintios  5.10; Apocalipsis 20.11-13; Daniel 12.2). Creemos que el juicio final será hecho por el Señor Jesucristo y el castigo impuesto para Satanás, sus ángeles y todos los impíos será la muerte eterna; creemos que con ello quedará limpia la tierra (Juan 5.22; 2 Timoteo 4.1; Romanos 6.23; 1.32; Malaquías 4.1; Isaías 65.17-25; 2 Pedro 3.10, Zacarías 14.20; Isaías 35.8; Apocalipsis 20.10).

La Eternidad

Creemos que después del Milenio, cuando la tierra esté por completo restaurada y purificada, los redimidos entrarán a la Eternidad (1 Corintios 15.24, 28; Daniel 7.27; 2 Pedro 1.11). Creemos que en la Eternidad ya no habrá muerte ni sufrimiento, porque el Padre descenderá a la tierra y morará con los hombres y será su Dios (Apocalipsis 21.3, 4; 2 Crónicas 6.18). Creemos que entonces todos los redimidos verán su rostro, creemos que ésta es la meta final en el plan de Salvación, por lo cual el creyente se purifica (Apocalipsis 22.3, 1 Juan 3.2, 3).